Mientras tanto, en la carretera, Gissela iba a toda velocidad, el viento golpeaba su cuerpo con fuerza, haciendo que su cabello se agitara dentro del casco mientras el motor rugía bajo ella como una bestia indomable, las luces de la ciudad quedaban atrás una a una mientras adelantaba autos sin el más mínimo cuidado, como si la carretera le perteneciera, como si el peligro fuera su zona de confort.Entonces lo vio.Un convoy.Una camioneta del estado adelante, otra atrás, y en medio… el objetivo.Su sonrisa cambió lentamente, se estiró en sus labios hasta volverse algo más oscuro, más frío, más peligroso.—Hola, cariño… ya llegó por quien llorabas —murmuró para sí misma con una calma inquietante.Aceleró lo suficiente para ponerse a la par, inclinándose apenas para mirar dentro de la camioneta, y ahí estaba, vestido de naranja, esposado, con la mirada perdida, uno de los criminales más buscados, un hombre que había abusado y asesinado a más de veinte niños, un monstruo que ahora iba ca
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