Mientras tanto, en la carretera, Gissela iba a toda velocidad, el viento golpeaba su cuerpo con fuerza, haciendo que su cabello se agitara dentro del casco mientras el motor rugía bajo ella como una bestia indomable, las luces de la ciudad quedaban atrás una a una mientras adelantaba autos sin el más mínimo cuidado, como si la carretera le perteneciera, como si el peligro fuera su zona de confort.
Entonces lo vio.
Un convoy.
Una camioneta del estado adelante, otra atrás, y en medio… el objetivo