La mansión estaba tranquila.
Demasiado tranquila… considerando el caos que habían dejado en la oficina.
Ismael llegó junto a Gustavo, Fabiano y Victoria. Los cuatro caminaban hacia la entrada con una tensión evidente en el ambiente, como si cualquier palabra pudiera encender otra guerra.
Gustavo fue el primero en romper el silencio.
—Ismael… espero que reconsidere su opinión. Aunque no lo obligaré —su tono era calmado, medido, pero cada palabra llevaba filo—. Entiendo que no quiera invertir en