Sigues siendo cruel cuando quieres.
Mientras tanto, en la mansión, el caos era completamente diferente.
Los mellizos corrían por el pasillo en sus pequeños mamelucos, sus pasos resonaban por toda la casa hasta que irrumpieron en la habitación de Margaret.
Ella estaba frente al tocador, todavía en bata, poniéndose crema en las manos cuando los vio entrar agitados.
—Mis amores, ¿qué pasa?
Micca fue la primera en hablar, subiéndose casi de inmediato a la cama.
—Abuelita, algo le pasa al abuelito, porque no estaba en la cocina. Él si