Los días pasaron y Marcus empezó a notar algo que no le gustaba en absoluto, Gerald ya no estaba celoso, y eso… eso era aburrido, demasiado aburrido para alguien que disfrutaba tanto del caos ajeno, sobre todo cuando ese caos venía de Gerald, Ismael no dejaba de consentir a Gracia, la hacía reír, la giraba en el jardín, le hablaba con esa cercanía que daba la historia compartida, y aun así… Gerald solo lo miraba, tranquilo, sin esa chispa peligrosa que antes encendía todo, aunque Gracia ya dormía en su casa y poco a poco se estaba llevando todas sus cosas allá, instalándose sin prisa, como si siempre hubiera pertenecido a ese espacio.Trina se sentó a su lado y tomó su mano, notando de inmediato ese silencio pensativo en él, mientras Marcus seguía con la mirada la escena en el jardín, Ismael girando a Gracia con una sonrisa y Gerald, a unos metros, haciendo lo mismo con los mellizos que reían como locos.—¿Cómo lo hace? —murmuró Marcus, frunciendo ligeramente el ceño.—¿Cómo hace qué?
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