La maquinaria de riego del ala norte llevaba diecisiete años sin mantenimiento real.Eso lo supe cuando Dante me explicó lo que había que hacer, con el tono de alguien que ha inspeccionado el estado del sistema antes de proponer la tarea y que sabe exactamente cuántas horas va a llevar.—No es entrenamiento —dijo, desde el umbral del establo reconvertido que servía de depósito de herramientas. —Es trabajo. Si no quieres ensuciar la ropa, mejor que vayas a buscar otra.No fui a buscar otra ropa.Los establos tenían el olor específico de los espacios que guardan cosas que se usan: aceite de maquinaria, polvo de piedra, madera vieja.Las herramientas estaban organizadas con la misma precisión sistemática que el cuaderno de Dante: cada pieza en el lugar que correspondía, sin un solo objeto fuera de sitio.Trabajamos durante dos horas sin hablar más de lo necesario.Dante explicaba lo que requería cada pieza en términos funcionales: el ángulo correcto para la llave, la presión adecuada sob
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