La hacienda a medianoche tenía un silencio diferente al de las otras horas.
No más quieto. Diferente. El tipo de silencio que existe cuando todos duermen y el edificio se queda solo con sus propios materiales: la piedra volcánica que retiene calor, los pasillos de cedro, el jazmín del patio central que no necesita luz para seguir oliendo.
Me quedé en el patio una hora después de que Luciano subió y Sael siguió con los archivos y Dante desapareció hacia el ala oeste.
Lo hice deliberadamente.
Cer