La maquinaria de riego del ala norte llevaba diecisiete años sin mantenimiento real.
Eso lo supe cuando Dante me explicó lo que había que hacer, con el tono de alguien que ha inspeccionado el estado del sistema antes de proponer la tarea y que sabe exactamente cuántas horas va a llevar.
—No es entrenamiento —dijo, desde el umbral del establo reconvertido que servía de depósito de herramientas. —Es trabajo. Si no quieres ensuciar la ropa, mejor que vayas a buscar otra.
No fui a buscar otra ropa.