El agente del clan Aldave estaba en el camino exterior, al otro lado del límite de la propiedad, a quince metros del portón.
Lo vi antes de oír lo que decía.
Era tarde, casi el anochecer, y Dante y yo habíamos salido al patio delantero a revisar uno de los conductos del sistema de riego que llegaba hasta ese extremo del terreno.
La presencia del hombre no fue señalada por ningún movimiento de la hacienda —los muros no respondían a lo que estaba afuera del perímetro, solo a lo que lo cruzaba.
El