(Crisanto Aldave — Cuarta jornada del juicio)Doscientos veinte años le habían enseñado a Crisanto una sola cosa con certeza absoluta: que los sistemas no fallan. Los individuos dentro de los sistemas, sí.Pero el sistema en sí —la estructura de la ley, el precedente, la autoridad institucional del Consejo— era más confiable que cualquier persona.Era el principio sobre el que había construido todo.Lo que estaba en la sala, del lado opuesto de la mesa, no encajaba con ese principio.Llevaba cuatro jornadas observando a Valentina Roux.No de la manera en que había observado a los Montecreaux —lectura de amenaza, evaluación de vulnerabilidades, mapa de respuestas posibles.Eso lo había terminado en la audiencia preliminar. La lectura que hacía ahora era diferente, más incómoda: la lectura de alguien que encuentra una variable que sus modelos no tienen categoría para procesar.No era el argumento.Había anticipado el argumento. El caso de Solana, el precedente de los vínculos múltiples,
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