Nahla subió de vuelta a la habitación y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, como si ese simple gesto pudiera poner en orden todo lo que llevaba dentro. Se quedó apoyada unos segundos contra la madera, con los ojos cerrados, obligándose a respirar despacio, aunque su pecho no lograba seguirle el ritmo a su voluntad.Las palabras de su madre seguían girando en su mente, una y otra vez, mezclándose con recuerdos que no sabía cómo callar. Apenas alcanzó a dar dos pasos hacia el interior cuando, de pronto, una mano firme la tomó del brazo y la arrastró sin previo aviso.—¿Pero qué carajos…? —alcanzó a decir, sobresaltada, con el pulso acelerándose de golpe.William no respondió de inmediato. La llevó directo hasta el baño, cerrando la puerta tras ellos con decisión. Nahla se soltó con brusquedad, girándose para enfrentarlo, molesta, descolocada, con esa mezcla peligrosa entre enojo y algo más que no quería nombrar.—¿Se puede saber qué haces? —exigió, cruzándose de brazos como s
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