Aurora se observó en el espejo con detenimiento, como si la mujer que tenía enfrente fuera alguien que aún no terminaba de reconocer. El vestido que había elegido abrazaba su cuerpo con elegancia, resaltando cada curva sin esconderlas, sin pedir permiso, como si por primera vez no tuviera que disculparse por existir. Su cabello caía suelto sobre sus hombros, con ondas suaves que enmarcaban su rostro, y el maquillaje, delicado pero firme, realzaba su mirada de una forma que la hacía sentir… distinta.No perfecta, no inalcanzable.Real.Apoyó las manos sobre el tocador y respiró hondo, recordándose a sí misma por qué estaba haciendo todo eso, por quién estaba soportando cada paso, cada acuerdo, cada palabra que debía medir. Celeste. Siempre Celeste.—Esto es por ti… —murmuró en voz baja, como si la niña pudiera escucharla incluso desde la distancia.Se enderezó, tomando el bolso con una seguridad que no era completa, pero sí suficiente para sostenerla, y salió de la habitación sin mirar
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