La noche en Virelia parecía detenida en el tiempo. Aurora estaba sentada sobre la arena, con las piernas recogidas, mirando el cielo como si fuera la primera vez que lo veía de verdad.Las estrellas brillaban con una intensidad que la desarmaba. No eran como las de la ciudad, escondidas, apagadas… estas estaban vivas, cercanas, casi al alcance de la mano.—Nunca las había visto así —murmuró, sin apartar la mirada.Julián, a su lado, entrelazó sus dedos con los de ella, acariciando su mano con una calma que no pedía nada a cambio.—Es porque nunca te habías permitido detenerte —respondió en voz baja.Aurora giró apenas el rostro para mirarlo. Había algo en su forma de hablarle… algo que no imponía, que no exigía, que simplemente estaba.Ese algo la desarmaba más que cualquier otra cosa. Sintió el calor de sus dedos, el roce constante, y sin darse cuenta comenzó a respirar más despacio. Julián la observaba en silencio. Y entonces, sin pensarlo demasiado, se inclinó y la besó.Fue un bes
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