Julián no logró conciliar el sueño en toda la noche. No era algo que le molestara en otras ocasiones, porque siempre había sabido controlar su mente, ordenar sus pensamientos y apagar cualquier distracción con la misma facilidad con la que cerraba un negocio.
Sin embargo, esa vez era distinto, porque no era la traición de Esmeralda lo que ocupaba su cabeza, ni siquiera las imágenes que confirmaban su engaño; lo que realmente lo mantenía despierto era otra cosa, algo mucho más incómodo, más difíc