El aire en el estudio insonorizado se volvió denso, cargado de un magnetismo animal que hacía que las paredes parecieran cerrarse sobre ellos. El beso, que había comenzado como una guerra de orgullo, se transformó rápidamente en una necesidad física desesperada. Tyler no quería palabras, quería marcar su territorio de la forma más primitiva posible.Con un movimiento brusco, Tyler la empujó contra el escritorio, haciendo que varios papeles volaran por el suelo. Sus manos, grandes y ansiosas, bajaron hasta el dobladillo de la blusa de Amber y la rasgaron sin contemplaciones.—Quítatelo todo —gruñó Tyler contra su cuello, su voz era un rugido de posesión—. No quiero ni una sola fibra de tela entre nosotros. Quiero ver lo que ese imbécil de Moon no pudo tener.Amber, lejos de amedrentarse, respondió con la misma urgencia. Sus dedos forcejearon con la hebilla del cinturón de Tyler y los botones de su camisa, liberándolo de su armadura de sastre.—Si vas a reclamarme, Tyler, hazlo de verda
Leer más