La semana en Black Group había sido un torbellino de cifras, auditorías y noches frente al monitor. Andrés Black era un hombre exigente, un perfeccionista que no aceptaba un "casi" por respuesta, pero para mi sorpresa, no era el monstruo desalmado que Tyler siempre describía en sus ataques de ira corporativa. Era directo, sí. Era competitivo hasta la médula, por supuesto. Y tenía un aire coqueto, una forma de sonreír que parecía diseñada para desarmar a cualquiera, pero conmigo mantenía una línea de respeto profesional que yo empezaba a atesorar.Esa noche, Andrés me había pedido que lo acompañara a una cena de negocios con unos inversores de Singapur. El restaurante era uno de los más exclusivos de la ciudad, un lugar de techos altos y luz tenue donde cada susurro parecía una transacción millonaria. Yo vestía un vestido negro de corte imperio que disimulaba mi vientre, aunque para mis adentros, sentía que cada célula de mi cuerpo estaba gritando mi secreto.A mitad de la cena, el cam
Leer más