En la mansión Fox, el ambiente era de una desolación absoluta. Noah se encontraba en la sala de juegos, sentado en la alfombra con Leo y Mia. Tyler, que no podía dormir ni concentrarse, se mantenía en el umbral de la puerta, oculto por las sombras del pasillo, escuchando con el corazón en un puño.Noah había logrado lo que Tyler no se atrevía a hacer: llamar a Amber.—¡Amber! ¡Te extrañamos mucho! —gritó Mia, pegando su cara al altavoz del teléfono de Noah—. ¿Cuándo vas a volver? Las niñeras nuevas son feas y huelen a talco viejo.—¡Y no saben hacer los panqueques de dinosaurio! —añadió Leo con la voz entrecortada—. Por favor, regresa. Papá está muy triste, aunque no lo diga.Al otro lado de la línea, la voz de Amber sonó suave, pero cargada de una tristeza que Tyler reconoció de inmediato. —Mis pequeños milagros... yo también los extraño cada segundo. Pero ahora tengo que estar aquí, con la familia Moon. Portense bien con su papá, ¿sí? Háganlo por mí.Tyler cerró los ojos, apoyando l
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