El cuaderno era azul oscuro, igual al del segundo libro.Laura lo había comprado sin pensarlo demasiado, en la misma papelería de la calle Fuencarral donde compraba todos sus cuadernos desde hacía años, eligiéndolo por el mismo criterio práctico de siempre: tapa dura, tamaño de bolsillo ampliado, papel suficientemente grueso para que el bolígrafo no traspasara.Lo había empezado en octubre, después de que el editor le preguntara si tenía pensado escribir algo nuevo y ella le hubiera dicho que sí, casi sin pensar, con la confianza de quien ha escrito dos libros y asume que el tercero llegará con la misma lógica que los anteriores.Llevaba tres meses llenándolo.No todos los días, no con el ritmo que había tenido durante los años de las memorias o durante el proceso del segundo libro. Sino de manera intermitente, apuntando ideas que llegaban en el banco del Retiro o durante las noches que Álvaro dormía y ella seguía despierta, frases sueltas que parecían querer ir a algún sitio, persona
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