Lucas llegó a cenar con alguien.No lo anunció. No mandó un mensaje avisando, ni llamó por teléfono para preparar el terreno, como hacía normalmente cuando tenía algo que decir que sabía que iba a generar conversación.Simplemente apareció en la puerta, a las nueve de la noche del jueves, con un hombre al lado.—Este es Andrés —dijo, sin más preámbulo.Andrés tendría la edad de Lucas, quizás un poco más. Pelo corto, gafas finas, una camisa que parecía elegida con cuidado pero sin esfuerzo visible. Sonrió, dio la mano a Laura, después a Álvaro, con la formalidad cortés de alguien que sabe que está siendo presentado oficialmente por primera vez.—Es ingeniero de sistemas —añadió Lucas, como si eso explicara todo lo que había que saber.Entraron a cenar.La familia, sentada ya alrededor de la mesa más pequeña de los jueves, reaccionó con el cuidado medido de quienes han aprendido, después de años, a no hacer preguntas que parezcan preguntas.—¿Te gustan los perros? —preguntó Santi, por v
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