El clavo ya estaba ahí.Laura lo notó antes de notar nada más. El clavo, vacío, en la pared del despacho, a la derecha de la mujer del avión. Como si la pared hubiera estado esperando una cuarta imagen desde el principio. Como si alguien, hace años, hubiera dejado ese espacio libre a propósito.No lo había dejado a propósito. Pero ahí estaba.Cogió el marco. Pequeño, sencillo, el que había comprado esa misma mañana en la tienda de Fuencarral porque la foto merecía algo mejor que un clip en la nevera.Valentina con un bebé en brazos. El bebé era ella.Lo colgó.Dio un paso atrás.Las cuatro imágenes, una junto a la otra, en la pared que durante años había sido el lugar donde Laura guardaba lo que dolía. Los girasoles de la boda, los primeros que había recibido en Madrid, antes de saber si la vuelta iba a funcionar. El MAMÁ VEN escrito por Santi a los cuatro años, en bolígrafo, con la letra que todavía no sabía formar bien las eses. La mujer del avión, esa fotografía borrosa de una desc
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