La maceta llevaba tres semanas sin agua.
Don Raúl la regó antes de decir buenos días, antes incluso de quitarse el abrigo, con la naturalidad de quien hace algo tantas veces que ya no necesita pensarlo.
—Llegas pronto —dijo Laura desde la puerta de la cocina, todavía en bata.
—Los martes llego pronto.
Era verdad. Desde hacía meses, Don Raúl había convertido los martes en su día. Llegaba a las nueve, antes de que Álvaro saliera para sus clases, antes de que Laura hubiera terminado el primer café