La mesa tenía sitio para catorce.
Álvaro contó las sillas que faltaban mientras Laura terminaba de poner los platos.
—Vamos a necesitar otra mesa —dijo.
—Siempre decimos eso —dijo Blanca, que acababa de llegar de Bruselas esa misma tarde y todavía llevaba la maleta sin deshacer en el recibidor.
—Siempre es verdad —dijo Álvaro.
Trajeron la mesa pequeña del salón y la unieron a la grande con un mantel que las cubría a las dos como si siempre hubieran sido una sola. Dieciocho sillas. Dieciocho pla