La caja pesaba lo mismo que siempre.
Laura lo sabía, físicamente, no podía pesar distinto solo porque hubieran pasado treinta años desde la primera carta. Y sin embargo, cuando la cogió del estante esa mañana de domingo, sintió en las manos un peso diferente, más denso, como si cada papel guardado dentro hubiera acumulado algo más que su propio gramaje.
Treinta años desde el regreso a Madrid.
Treinta años desde el avión, el juzgado, la primera vez que vio a los gemelos adolescentes mirándola co