La paz en el jardín duró poco. La calidez que apenas empezaba a surgir entre ellos se esfumó de golpe cuando el teléfono en el bolsillo de Diego vibró brevemente.Diego suspiró, soltando la mano de ella de mala gana para sacar el celular. En cuanto vio el nombre en la pantalla, su mirada se volvió seria. Leyó el mensaje rápido, de un vistazo, y guardó el teléfono de nuevo.Miró a Elena con una mueca de disculpa.—Elena, tengo que irme un momento.Elena se incorporó, dejando de apoyarse en el hombro de Diego, y se acomodó el pelo, que el viento había despeinado un poco.—¿A dónde?—El asistente de mi padre quiere hablar conmigo —respondió él, cortante.Elena no hizo más preguntas. Solo asintió, comprensiva.—Ve.Diego se levantó. Se le quedó mirando unos segundos, como si le costara dar el paso, antes de darse la vuelta e irse hacia el vestíbulo del hospital. Detrás de él, Elena solo sonrió de lado, viendo cómo su espalda se alejaba poco a poco hasta desaparecer tras las puer
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