Capítulo 127

El jardín de la planta baja del hospital no era muy grande; apenas tenía unos cuantos árboles frondosos y una hilera de bancos de madera colocados bastante separados entre sí. La brisa suave de la mañana al menos lograba disipar ese olor a medicamentos que les había inundado el olfato desde la noche anterior.

​Diego y Elena caminaban uno al lado del otro en silencio. Terminaron por sentarse en uno de los bancos de la esquina, lejos del paso de los pacientes y las enfermeras que iban y venían.

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