Capítulo 124

​Diego se levantó de golpe. La silla de madera se arrastró con fuerza, provocando un chirrido agudo sobre el suelo del restaurante vacío.

​Elena también se levantó, presintiendo que algo andaba mal por el cambio de expresión en la cara del hombre. —¿Qué pasa?

​Diego no respondió. Estiró la mano rápidamente para agarrar la chaqueta que colgaba del respaldo de la silla. —Vámonos.

​Al ver el pánico que Diego intentaba ocultar, el corazón de Elena empezó a latir a mil por hora. —Diego, ¿qué pasa?

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