VIVIANALos días se fueron acomodando como piezas de un rompecabezas extraño. Viviana, a los dos días del parto, volvió a trabajar en los helados, mientras Juan se mantenía juicioso con los almuerzos. Los conocidos murmuraban que por fin se veía un cambio en él, aunque Viviana siempre lo miraba con esa mezcla de esperanza y desconfianza.Una tarde, la bomba de tiempo estalló: Chambursi pilló a Olga besándose con Tobón y casi los mata. El parque de Lourdes se estremeció con los gritos, y Lucía, arrastrada por la tormenta, terminó echada a la calle. Sin rumbo, fue a buscar a Viviana.—Hermana, déjeme quedar unos días, por favor, no quiero volver a donde nuestra madre… —suplicó Lucía, con los ojos rojos.Viviana dudó, pero el pesar le ganó.—Está bien, pero no quiero problemas.Los primeros días, Viviana se mostró precavida, vigilando cada gesto, cada mirada, asegurándose de que no hubiera nada entre Juan y Lucía. Incluso les hacía pequeñas pruebas: dejaba la puerta entreabierta, fingía
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