La luz del atardecer se filtraba entre las rendijas del desván, creando franjas doradas sobre el polvo suspendido en el aire. Aryanna había subido allí impulsada por una necesidad que no sabía nombrar. Quizás era la desesperación de encontrar algo, cualquier cosa, que le devolviera el control sobre su propia narrativa. O tal vez simplemente necesitaba alejarse de las habitaciones principales donde cada objeto parecía vigilarla.El desván ocupaba toda el ala norte del tercer piso. Muebles cubiertos con sábanas blancas se alineaban contra las paredes como fantasmas olvidados. Cajas de cartón se apilaban en las esquinas, algunas etiquetadas con letra cursiva: Libros—1998, Documentos fiscales—2015, Correspondencia personal.Aryanna caminó entre los bultos con cuidado, consciente de que cada paso levantaba nubes de polvo que le hacían cosquillas en la garganta. No sabía ex
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