—No voy a volver a verlo.Aryanna lo dijo demasiado rápido.Emilia no sonrió.Teresa tampoco.Matías bajó la mirada hacia el piso del patio, como si hubiera encontrado una grieta urgente entre las baldosas. Céline, en cambio, soltó una risa pequeñita, amarga, casi elegante.—Nadie te preguntó si ibas a volver a verlo, querida. Tu hermana dijo “si un día”. Y tú corriste como si la frase trajera perros.Aryanna la miró.—No necesito que traduzcas.Céline alzó ambas manos.—Me divierte mucho hacerlo gratis.Emilia seguía tomándole la mano.—Solo dije que, si lo haces, no sea por gratitud.—No voy a hacerlo.—¿Por gratitud o verlo?Aryanna abrió la boca.La cerró.Maldita niña recién regresada de entre los muertos y ya más incómoda que cualquier tribunal.Paula guardó la laptop con el documento de Silvain. La renuncia legal estaba enviada, sellada, recibida. No borraba lo ocurrido. No quitaba la deuda emocional. No convertía la habitación azul en cuarto inocente. Pero desarmaba una cadena
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