—Que al revocar todos sus poderes antiguos, también acaba de liberar la cláusula que protegía legalmente la casa Salvatierra.Aryanna no abrió la puerta.La cadena quedó entre ella y Hugo Armenta como una línea delgada, doméstica, demasiado pequeña para todo lo que ese hombre traía en la boca.Detrás de ella, Emilia dejó de respirar.Teresa se apoyó en la mesa.Céline levantó la tetera con una serenidad ofensiva.Inés, con el teléfono en una mano, ya estaba grabando.—Repítalo —dijo Aryanna.Hugo tragó saliva.Tenía el traje arrugado, la corbata floja y una mancha de sudor en el cuello. Ya no parecía el abogado correcto de la mansión. Parecía un hombre que había corrido hasta una casa pobre porque, por primera vez en años, entendía el tamaño de una puerta.—La casa estaba protegida por un bloqueo patrimonial interno. Silvain lo ordenó cuando compró la deuda. Mientras ese bloqueo existiera, ningún tercero podía reclamar, vender, ejecutar ni tocar el inmueble sin pasar por él.Aryanna si
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