Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde caía sobre la mansión Beaumont con esa luz dorada de febrero que convertía las ventanas en espejos de fuego. Aryanna estaba en el salón de lectura, fingiendo concentrarse en un libro de Cortázar que había leído tres veces sin retener una sola palabra, cuando escuchó el motor del Mercedes detenerse frente a la entrada principal. Su estómago se contrajo con ese reflejo pavloviano que había desarrollado en las ú







