—No se lo transmita suavizado.
Emilia no soltó el teléfono de Inés.
Estaba de pie en la sala de la casa Orozco, con el cabello recién cortado rozándole la mandíbula y la cobija todavía sobre los hombros. Parecía más pequeña sin el peso del cabello largo, pero no más débil. Al contrario. Había algo nuevo en ella, una línea dura en la boca, una claridad que no le pedía permiso al cuerpo cansado.
Aryanna la observaba con la mano suspendida cerca de su brazo.
No la tocó.
Le costó.
Laurent guardó sil