KhaledEl día fue largo. Negociaciones exhaustivas, reuniones interminables y decisiones que exigían precisión. Cuando finalmente llegué a casa, esperaba encontrar algo de tranquilidad, pero en cuanto vi a uno de los empleados acercarse con expresión vacilante, supe que algo había ocurrido.—Señor, el padre de la señorita Lara estuvo aquí hoy —dijo, manteniendo una postura respetuosa.Me detuve mientras me quitaba el abrigo y lo miré con interés.—¿Y ella lo recibió?El hombre desvió la mirada por un breve instante.—No, señor.Eso me sorprendió.—¿Y por qué?Antes de que pudiera responder, una de las empleadas se adelantó y, en voz baja, dijo:—Ella afirmó que su padre murió el día en que la vendió.Guardé silencio por un momento.No era común que algo me impresionara, pero esas palabras revelaban un resentimiento profundo. Lara no solo sentía rabia; se percibía a sí misma como alguien abandonada, traicionada por su propia familia.Crucé los brazos, reflexionando. Ya imaginaba que no
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