Lara
La mañana comenzó como cualquier otra desde que fui forzada a esta prisión de lujo. No había salido de la habitación desde la noche anterior, cuando Khaled intentó convencerme de aceptar mi destino. Como si fuera simple. Como si pudiera aceptar ser vendida como un objeto y encerrada en una jaula de oro.
El sonido de tacones sobre el mármol resonó en el pasillo y, segundos después, unos golpes en la puerta anunciaron la llegada de alguien.
—Adelante —dije, sin entusiasmo.
La puerta se abrió