La casa de León Valverde no era una casa. Era una declaración arquitectónica.El Mercedes atravesó un portón automático que se abría solo con reconocimiento de placas. Un camino privado bordeado de árboles perfectamente podados. Y al final, iluminada como museo, una estructura de tres pisos que combinaba vidrio, acero y piedra con una elegancia brutal.—Bienvenida a casa —dijo León mientras el auto se detenía.Casa. La palabra sonaba extraña. Esto no se sentía como hogar. Se sentía como fortaleza.Un hombre mayor en traje formal abrió la puerta principal antes de que llegáramos.—Señor Valverde. Señora —me saludó con una reverencia breve—. Soy Héctor, el mayordomo. Cualquier cosa que necesite, estoy a su disposición.—Gracias, Héctor —respondí, sintiéndome ridícula. Nunca había tenido mayordomo.—¿Su equipaje, señora?—Ah, no tengo... —me giré hacia León.—Sara lo envió esta tarde —dijo él—. Héctor ya lo subió a su habitación.Por supuesto. León Valverde no dejaba cabos sueltos.Entra
Leer más