La casa de León Valverde no era una casa. Era una declaración arquitectónica.
El Mercedes atravesó un portón automático que se abría solo con reconocimiento de placas. Un camino privado bordeado de árboles perfectamente podados. Y al final, iluminada como museo, una estructura de tres pisos que combinaba vidrio, acero y piedra con una elegancia brutal.
—Bienvenida a casa —dijo León mientras el auto se detenía.
Casa. La palabra sonaba extraña. Esto no se sentía como hogar. Se sentía como fortale