El desayuno fue servido por Héctor a las 7 AM exactas. León ya estaba en el comedor, revisando informes en su tablet, traje azul marino impecable.
—Buenos días —dije, sintiéndome fuera de lugar en mi ropa de trabajo.
—Buenos días. ¿Dormiste?
—Eventualmente.
—Bien. Desayuna. Salimos en treinta minutos.
No era invitación a conversar. Era itinerario.
Comí en silencio. Huevos perfectos, pan recién horneado, café que probablemente costaba más por taza que mi presupuesto mensual anterior.
En el auto,