La lluvia no daba tregua, convirtiendo los callejones del distrito industrial en un laberinto de asfalto brillante y sombras movedizas. Sofía se ajustó la capucha de su impermeable oscuro, ocultando su rostro de las cámaras de seguridad que, lo sabía bien, ahora estaban bajo el escrutinio de los algoritmos de Julia.Había dejado a Leo vigilando a Elliot en la clínica, escapando por una salida de emergencia para encontrarse con el hombre que, irónicamente, había sido el centro de su odio durante años.—¿Eric? —susurró Sofía al llegar a la parte trasera de una antigua fábrica de conservas.De entre un montón de palés mojados, surgió una figura que apenas guardaba parecido con el heredero de los Imperial. Eric estaba empapado, con la camisa de seda pegada al cuerpo y el cabello desordenado. Sus ojos, antes llenos de una arrogancia ciega, ahora solo reflejaban un pánico primario. Al ver a Sofía, dio un paso adelante, tropezando con sus propios pies.—Viniste... —balbuceó Eric, con la voz
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