El vestíbulo acorazado del Banco Internacional era un templo de silencio y luz fría. Arthur Imperial caminaba con paso firme hacia la bóveda, con Julia del brazo. Ella lucía un sombrero de ala ancha que ocultaba parcialmente su rostro, pero su sonrisa era de una confianza absoluta.Cuando el banquero, el señor Vanderbilt, introdujo la llave, las puertas del ascensor privado se abrieron. Sofía y Elliot aparecieron, seguidos de Leo.—¡Deténganse! —exclamó Leo, mostrando la orden judicial—. Esta bóveda queda bloqueada por investigación de fraude de propiedad intelectual.Arthur se giró, pero no parecía sorprendido. Eric, que estaba allí (porque Julia lo había convencido de ir para "protegerlo"), miró a Sofía con una mezcla de odio y confusión.—¿Otra vez tú, Sofía? —espetó Eric, dando un paso al frente—. ¿No te basta con robarnos el software? ¿Ahora vienes a asaltar la caja fuerte de mi familia con tu nuevo novio millonario?Sofía ignoró a Eric y miró a Julia. —Sabemos qué hay ahí dentro
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