El salón del Hotel Metropole era un océano de seda, diamantes y conversaciones susurradas en voz baja. El aire olía a perfume caro y a poder, un ecosistema donde Sofía siempre se había sentido como una pieza de fondo, la sombra que sostenía el maletín de Eric. Pero esta noche, bajo la luz de las arañas de cristal, ella era el centro del huracán.Caminaba del brazo de Elliot, sintiendo la firmeza de su agarre en su cintura. Elliot no caminaba, colonizaba el espacio. Cada inversor que antes ignoraba a Sofía ahora se inclinaba ante ellos, buscando una presentación.—Mantén la cabeza alta —le susurró Elliot al oído, su aliento rozando su piel—. No eres su invitada, eres su mayor amenaza.De repente, la multitud se abrió. Eric estaba allí, de pie junto a una columna, con una copa de whisky que temblaba levemente en su mano. A su lado, Julia, vestida con un blanco virginal que contrastaba con el verde venenoso de Sofía, se aferraba a su brazo. El rostro de Eric pasó del asombro a una furia
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