Elena se contrajo alrededor de él, gritando contra su hombro, mientras Dante gruñía su nombre, vertiéndose en ella.Se quedaron abrazados por un largo rato, con los corazones latiendo desbocados uno contra el otro.El sudor se enfriaba en sus pieles, pero Dante no la soltó. La mantuvo apretada contra su pecho, como si quisiera fundirla con él para no tener que dejarla ir.—Te amo... —susurró Elena, casi sin darse cuenta, con la voz adormilada por el placer.Dante se tensó un segundo, pero luego le besó la frente con una ternura inusual en él.—Eres mi maldición y mi defensa, Elena —respondió él, evitando decir las palabras exactas, pero diciéndolo todo con su gesto—. Eres lo único real que tengo en esta vida de mentiras.El sonido lejano, pero inconfundible, de unas aspas cortando el aire rompió la burbuja. El helicóptero se acercaba.Dante soltó un suspiro pesado, lleno de frustración, y se separó de ella. La frialdad del aire golpeó el cuerpo desnudo de Elena, haciéndola sentir vuln
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