Capítulo 57.
Elena se contrajo alrededor de él, gritando contra su hombro, mientras Dante gruñía su nombre, vertiéndose en ella.
Se quedaron abrazados por un largo rato, con los corazones latiendo desbocados uno contra el otro.
El sudor se enfriaba en sus pieles, pero Dante no la soltó. La mantuvo apretada contra su pecho, como si quisiera fundirla con él para no tener que dejarla ir.
—Te amo... —susurró Elena, casi sin darse cuenta, con la voz adormilada por el placer.
Dante se tensó un segundo, pero luego