La ceremonia comenzó. El obispo habló sobre el amor, el compromiso, la unión de dos almas y, en este caso, la unión de dos imperios.Las palabras flotaban en el aire, pero para Dante, todo era un zumbido sin sentido. Su mente estaba a cientos de kilómetros de allí.Estaba en una cabaña rodeada de nieve en la frontera con Francia. Estaba con Elena.Llegó el momento de los votos.—Charlotte Hoffmann, ¿aceptas a Dante Vontobel como tu legítimo esposo, para amarlo, honrarlo y respetarlo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida?—Acepto —respondió ella de inmediato, con voz clara, fuerte y una sonrisa deslumbrante dirigida a los invitados.El obispo se giró hacia Dante.—Dante Vontobel, ¿aceptas a Charlotte Hoffmann como tu legítima esposa, para amarla, honrarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida?El silencio cayó sobre el inmenso salón.Un segundo. Dos segundos. Cinco segun
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