Capítulo 52.
Mientras en Zúrich el sol apenas comenzaba a calentar las calles adoquinadas, Dante sentía que se quemaba vivo en el infierno.
Karl Hoffmann había organizado un "desayuno de negocios" con la prensa financiera justo después de la gala, una emboscada perfecta para retenerlo en la ciudad y asegurar que su imagen de yerno ideal quedara grabada en la retina de todos los suizos.
Dante miraba el reloj cada cinco minutos, desesperado por volver a las montañas, pero cada vez que intentaba levantarse, Ka