Capítulo 58.

En su despacho en Zúrich, Karl Hoffmann ignoraba la vista panorámica para concentrarse únicamente en su imperio financiero. El silencio de la tarde se hizo añicos cuando la puerta se abrió de golpe.

Charlotte entró caminando con la seguridad de quien es dueña del edificio.

Su secretaria, Gretta, ni siquiera intentó anunciarla; conocía perfectamente las reglas y sabía que la única hija de Karl Hoffmann tenía acceso absoluto, sin importar la hora o su estado de ánimo.

Gretta simplemente cerró la
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