Dante estaba paralizado. La noticia del embarazo le había caído como un balde de agua helada en la cara.Sin embargo, el instinto de cazador de un Vontobel despertó más rápido que su miedo. Tomó valor, apretó los puños a los costados y miró a Karl con rabia.—Tenemos que hablar tú y yo... —rugió Dante, con la voz dura y gruesa.Karl tragó grueso, haciéndose el desentendido frente a su familia.—¿De qué? —preguntó el viejo, fingiendo inocencia.Dante dio un paso al frente, cortando el aire con su sola presencia.—¿De verdad quieres que hablemos de esto aquí? —lo retó Dante—. ¿Quieres que hablemos delante de tu mujer y de tu hija, Karl?Elizabeth, la madre de Charlotte, se puso de pie de inmediato. Estaba asustada por el tono de voz de Dante.—¿Qué pasa entre ustedes? —preguntó la mujer, mirando de uno a otro con nerviosismo.Karl palideció de golpe. Sabía perfectamente a qué venía Dante y no quería que sus negocios sucios salieran a la luz en la sala de su casa.—Nada, Elizabeth. No te
Leer más