Capítulo 114.

El timbre del apartamento sonó. Elena dejó a un lado unos papeles sobre el mostrador de la cocina y fue a abrir la puerta.

Al ver quién estaba del otro lado, soltó un grito ahogado de absoluta alegría.

—¡Sofía!

Su gran amiga había viajado desde la fría Zúrich directamente a Nueva York, cumpliendo las órdenes de Dante, aunque Elena no lo sabía.

Se abrazaron con muchísima fuerza en el pasillo. Elena realmente necesitaba esa compañía.

Se sentaron en los cómodos sofás de la sala con un par de tazas
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