Al día siguiente, la ciudad de Zúrich amaneció muy fría, pero a Dante eso no le importaba en lo absoluto.
Él no era de los hombres que hacía las cosas a medias. Cuando tomaba una decisión, iba hasta el final sin mirar atrás.
Llegó temprano al edificio principal de la corporación. Iba acompañado de Cristian, su fiel asistente. Ambos caminaron con paso firme hacia la inmensa sala de juntas.
En sus maletines llevaban toda la información financiera y las pruebas que sus expertos habían logrado cons