Aterrizó en Nueva York con la sangre hirviendo y un solo objetivo: llegar al apartamento para contarle a Elena la verdad.No se quedaría de brazos cruzados mientras ese pintor de pacotilla intentaba robarle a su mujer. A la par, Cristian y su equipo seguían investigando a Gabriel a fondo.Por su parte, Elena estaba agotada. Entró a la habitación de los bebés esperando relevar a la niñera, pero se quedó helada en la puerta.Allí estaba Dante. Llevaba un traje oscuro, pero tenía el rostro hecho trizas. Mecía al pequeño Aaron con ternura, mientras la muchacha sostenía a Joshua.El corazón de Elena se estremeció.Se acercó con paso firme, tomó a Joshua en brazos y le hizo una seña a la niñera para que saliera. Ella asintió en silencio, entendiendo la tensión, y los dejó a solas.—Se me olvidaba por completo que el gran Dante Vontobel tiene llaves de mi casa —soltó Elena con mucha sorna, acomodando a Joshua en su pecho.Dante dejó de mecer a Aaron y la miró fijamente. Sus ojos oscuros esta
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