En la puerta principal, un cerrajero profesional estaba arrodillado, desmontando la chapa original para instalar un sistema de alta seguridad de última generación.Dante Vontobel estaba de pie a un lado, con los brazos cruzados sobre su ancho pecho, perfecto en su traje oscuro y supervisando el trabajo como si fuera el dueño del edificio entero.El ruido constante y molesto terminó por colarse por los pasillos, arruinando la siesta vespertina de Leonardo.El padre de Elena salió de su habitación caminando despacio, apoyado en su bastón y frotándose los ojos, visiblemente confundido para ver qué demonios pasaba en la sala.A esa hora, los gemelos estaban en su cuarto al cuidado de su niñera, ajenos a todo el alboroto.—¿Qué está pasando aquí? —preguntó el padre de Elena, frunciendo el ceño al ver a un extraño desarmando la puerta y a Dante dándole instrucciones.Dante se giró lentamente, sin perder ni una pizca de su arrogancia natural.—Es muy sencillo, Leonardo. Estoy cambiando la ce
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