Claudia despertó con la alarma del reloj, tanteó con la mano para apagarlo, vio la hora, se incorporó en la cama, se estiró y dio un bostezo. Se levantó y fue hasta el lavabo, vio su rostro en el espejo y se dio ánimos a sí misma “arriba Claudia”. Salió del baño, se alistó para su encuentro con Paul. Aún faltaba una hora, bajó hasta la cocina. Gertrudiz ya había preparado el café, tomó una taza.—¿Cómo amaneció Claudia? —Un poco agotada, creo que la situación de ayer me generó mucho estrés, me siento constracturada —movió su cabeza de lado a lado y masajeo con sus manos, sus hombros. —Bueno, debo ir a la penitenciaria, tengo una cita con su patrón. —¿Va a desayunar? Puedo prepararle algo ligero.—No, gracias Gertrudiz, no estoy acostumbrada a desayunar tan temprano. —tomó de la cesta de porcelana, una manzana— con esto será suficiente. Nos vemos al rato. Media hora después el auto, se detuvo, ella entró a la penitenciaria. Tomó su carnet de visitante. El guardia la hizo pasa
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