Mientras tanto, Paul entró a la celda, el guardia le quitó las esposas y luego de cerrar la celda se sostuvo de los barrotes.
—Como que se te revolvió el ganado. —bromeó el hombre.
Paul levantó la mirada y lo miró con enojo.
—La doctora puso una cara cuando le dije que tenías un vis a vis íntimo. —rió a carcajadas—. Como que le interesas más de lo que dice.
—Cállate Rojas —gruñó—. No te juegues conmigo. No estoy de humor.
El guardia sonrió, pasó el rolo por las rejas de la celda y se ale